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Arquitectura

Las casas gemelas de Diego y Frida: museo sobre la distancia de la pareja

Dice la historia no oficial, vuelta casi verdadera por el boca a boca, que Diego Rivera y Frida Kahlo vivían juntos y a la vez separados en dos casas vecinas que, sin embargo, se mantenían unidas por un angosto puente extendido entre las plantas altas de ambas viviendas. Si bien esta unión-separación ha servido muy bien para dar cuenta de la relación conflictiva e intermitente de la más célebre pareja de pintores mexicanos, la verdad es que a Frida no le gustaba vivir en este conjunto ubicado en el pueblo de San Ángel, en la periferia de la ciudad de México.

Eso sí, en el pequeño estudio que se le designó, pintó algunos de sus cuadros más importantes, como ‘Lo que el agua me dio’. Por el contrario, el estudio de Rivera en la otra casa es amplio, soleado e inspirador: es más, fue allí donde el gran muralista pintó prácticamente toda su obra de caballete: alrededor de tres mil trabajos.

Kahlo no pasó demasiado tiempo en aquella casa de un color azul como de océano doméstico. De hecho, eso permitió que la ocuparan visitantes como León Trotski y André Breton. Del otro lado, la casa de Rivera mantiene sus colores: rojo y blanco, y hoy guarda parte de su colección de piezas precolombinas, calaveras y muñecos de Judas. Uno puede encontrar en este estudio los viejos pinceles y pigmentos con los que Rivera pintó el país que quiso transformar por medio de esas mismas pinturas.

La construcción de estas viviendas, encargada al arquitecto y artista plástico Juan O’Gorman fue concluida en 1932; Frida y Diego vuelven de su estancia en Estados Unidos para instalarse allí en 1934. Hoy este es el espacio que más permite acercarse a la intimidad artística del muralista. Se trata del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo.

Este museo no solo atrae a los admiradores del arte mexicano sino también a quienes están interesados en la arquitectura.

O’Gorman fue uno de los grandes arquitectos mexicanos de la primera mitad del siglo XX. Se trata de la primera casa funcionalista de México, hecha de acuerdo a los preceptos de Le Corbusier pero adaptada a un lenguaje mexicano. La época en la que fue ideada se caracterizó por una gran búsqueda de la identidad nacional. Luego de la Revolución Mexicana se perseguía la consolidación de un Estado Nación y la arquitectura no es una excepción a esta nueva narrativa de la mexicanidad.

Alan Rojas Orzechowski, coordinador académico del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo dice:

A pesar de que los arquitectos estaban muy asociados a las clases altas, Juan O’Gorman tiene esta visión socializada de la arquitectura: materiales baratos de construcción como losa descubierta, concreto para construir en serie así como instalaciones eléctricas e hidráulicas aparentes. En el siglo XIX hubo la tendencia a separar la vivienda del trabajo pero el funcionalismo lo que buscó es reunirlos en un mismo edificio. Lo que resalta en este arquitecto es que los espacios de trabajo son los más importantes de la estructura y de la composición.

Así, O’Gorman pensó esta casa como una construcción idónea para ser reproducida en forma masiva para obreros, con el fin de que gozaran de una vivienda digna. De igual manera, sirvió como un showcase de sus propuestas arquitectónicas. Cuenta con espacios muy particulares: techos bajos, bloques de barro cocido y la barda perimetral de cactus pues O’Gorman fue también un pionero del paisajismo al conjugar una arquitectura del paisaje con especies endógenas.

Esas características cautivaron a Rivera y Frida, y le pidieron una casa-estudio. En realidad, la casa azul se puede denominar una casa-habitación, es muy pequeña y es un ejemplo de vivienda mínima: comedor, cocina, recámara y estudio. Según Rojas Orzechowski, «el edificio que corresponde al estudio de Diego más se planteó para exhibir su obra y poder traer clientes pero nunca la usó como tal ya que aquí decidió conservar toda su colección de arte prehispánico que ahora está en el Museo Anahuacalli».

El punto privilegiado de este museo es el estudio, conservado como un espacio vivo en el que habitar por un momento el espacio de trabajo de Rivera. Ahí protagonizaba sus larguísimas jornadas de trabajo, comía y recibía a muchas visitas, un espacio dinámico donde se lo puede imaginar conversando con sus amigos y ejercer su crítica social por medio de su arte y su enorme capacidad de convocatoria.

En el siglo XIX empezó la tendencia de separar la vivienda del trabajo. Sin embargo, el funcionalismo buscó lo contrario: reunirlos en un mismo edificio. Foto: @_camilacossio

El acentuado izquierdismo del pintor ha sido criticado por lecturas que objetan una supuesta dimensión panfletaria en su obra. «En Rivera hay un discurso historiográfico de corte comunista en el cual se rescata un pasado prehispánico idealizado, como en el mural ‘Epopeya del pueblo mexicano’ —dice Rojas Orzechowski—. No obstante, cabe destacar la técnica y destreza que despliega su arte. El trazo de Rivera viene de una educación académica y lo hace sumamente distintivo. En videos que lo muestran mientras se encontraba pintando puede verse cómo en dos líneas y en un solo trazo limpio ya es capaz de componer un personaje. Esta formación tan sólida le permitió asumir las vanguardias en Europa y luego conseguir un estilo muy propio».

Sobre una posible crítica a Rivera debido a una voluntad de ‘fijar’ una identidad mexicana puntual a través de cierta mitificación de lo prehispánico, Rojas Orzechowski precisa:

Fue un momento en el cual había dos grandes vertientes respecto a lo que debía ser la mexicanidad. Por un lado, estaba la hispanidad representada por el grupo de los modernos. Ellos pensaban en una vinculación y afirmación de nuestra identidad a partir del idioma español y la herencia iberoamericana. Por otro lado, estaba toda una generación de literatos, artistas y arqueólogos que estaban redescubriendo las raíces de un pasado sumamente rico previo al mundo cortesiano que más bien lo que buscaba era hacer resurgir dichas raíces. La época de Rivera es el gran momento de la arqueología, en la cual arqueólogos como Eulalia Guzmán, Alfonso Caso y Kurt Stavenhagen hacen grandes descubrimientos sobre el México prehispánico».

El museo, más que contar con una considerable obra del muralista, mantiene un preciado acervo documental, fotográfico e histórico que permite conmemorar a Rivera y Kahlo así como continuar el estudio de su generación artística. Pueden verse, por ejemplo, las fotografías de su funeral, ocurrido en 1957. «Se trató prácticamente de un funeral de Estado, Diego Rivera murió en esta casa y fue velado aquí en el estudio. El funeral fue presidido nada menos que por Lázaro Cárdenas que para ese momento ya era expresidente de México», dice el coordinador académico del museo. La colección de piezas prehispánicas (que el pintor compraba por kilo o por intercambios), confecciones artesanales y arte popular señala no solo el gusto de Rivera por estas obras sino su convicción de que la artesanía se puede entender como la continuación del arte prehispánico.

Este espacio también se preocupa de destacar una faceta muy interesante de Rivera que, sin embargo, podría resultar contradictoria, su dimensión como retratista. Aunque Rivera fuera militante comunista, terminó retratando virtualmente a toda la élite mexicana del momento. Dice Rojas Orzechowski:

En su labor de pintar necesitaba mantenerse económicamente, mantener a una esposa enferma, a sus hijas y a su primera esposa. De Rivera dependían muchas personas y él veía estos retratos y la obtención de clientes como una necesidad pero sobre todo pintaba a la gente que respetaba. No solo retrató a grandes empresarios y mujeres de sociedad sino también, por ejemplo, a Irma Mendoza, una cirujana notable de los cincuenta, o realizó retratos de Carlos Pellicer así como de otros grandes literatos, entre otras personalidades dignas de admiración.

Juan O’Gorman fue un pionero del paisajismo al conjugar una arquitectura del paisaje con especies endógenas, una de las cosas que atrajo a Kahlo y a Rivera. Foto: @_camilacossio

A través de Diego Rivera se puede estudiar varias facetas del arte y la historia no solo de México, sino del siglo XX. A su faceta de muralista y retratista se suma su trabajo como arquitecto o creador de espacios, y la dimensión familiar y su relación con Frida Kahlo. Al contrastar sus estéticas, el coordinador académico opina:

Frida carece de la formación académica de Rivera pero ella tiene un estilo único. Diego trató las grandes temáticas nacionales, obras de crítica social muy importante y se puede ver ahí una separación de género. Frida es más intimista y sus críticas no son tan sutiles como las de Diego. Él recurre a la caricaturización política, mientras Frida, por ejemplo en ‘Unos cuantos piquetitos’, sobre la noticia de un hombre que había matado a una mujer, opera una crítica muy abierta en un tono muy burlón y frontal. Diego hacía críticas muy fuertes pero las hacía con más sutileza, como cuando pintó a Lenin en un mural en Estados Unidos financiado por Rockefeller. Él sabía perfectamente el efecto que iba a provocar. Estados Unidos en los treinta era una tierra fértil para el comunismo por ser una gran nación de fábricas y proletarios.

Para Rojas Orzechowski, es precisamente en Estados Unidos donde se percibe actualmente una de las mayores influencias del arte de Diego Rivera.

La historia la imagino siempre de forma pendular, puede haber quiebres y continuidades. Hay una influencia del muralismo, se puede hablar de cierta continuidad en algunas tendencias de hoy. En EE.UU. los muralistas de origen latino refieren buena parte de su obra a Rivera a raíz también de una cuestión identitaria y de afinidades políticas. Por otra parte, también han existido importantes rupturas frente al paradigma mexicanista de lo que Rivera y sus contemporáneos significan.

La casa funcionalista diseñada por Juan O’Gorman permite, además de recorrer los espacios domésticos y de trabajo de Rivera y Frida, pensar en su arte y en la historia de México en varios niveles, lo que puede arrojar muchas contradicciones. Estas paradojas (algunas aparentes, otras flagrantes) enriquecen la experiencia estética y permiten ir más allá del mero memorialismo o la monumentalización de las memorias artísticas nacionales. (I)

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