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El Telégrafo
María Cristina Bayas

Apagar la televisión

19 de enero de 2022 00:00

Parece que la pandemia ha trastocado la forma que tienen las personas de interpretar la realidad. Hoy lo normal parece anormal y lo anormal podría instalarse y ser regla común. La reacción social a un programa de Carlos Vera en TC Televisión incita a pensar que, como sucede en las catástrofes y la guerra, la inversión de la lógica está aquí para quedarse.

 

Que los ciudadanos critiquen, por ejemplo, que los medios públicos se dediquen a amplificar las visiones del Gobierno de turno sin posibilidad a incluir distintas ideas, es predecible y deseable. Pero que se quejen cuando un medio público le da voz a un criterio distinto al del Gobierno en algún tema específico, es ilógico. Lo segundo sucedió en contexto de la pandemia, después de que Carlos Vera invitara a su programa Vera A Su Manera transmitido en TC, a voces contrarias a la vacunación para escuchar su postura.

 

Hay que aclarar que en el programa no se invitó a fuentes solamente de una misma postura, lo cual no sería el mejor estándar de buen periodismo, sino que Vera permitió la reflexión acerca de la vacunación desde varias perspectivas. Además, el programa contó con la presencia de un médico, un pediatra, un genetista, un epidemiólogo: todos a favor de la vacunación. Hubo un criterio técnico, así como visiones desde lo social y lo legal. Por ejemplo, se entrevistó también a un abogado constitucionalista. En definitiva, en este programa hubo variedad de fuentes. Y sin que sea necesario ser partidarios de todas las acciones de Vera, hay que resaltar que la apertura a muchos enfoques sobre un mismo tema es necesario para darle luz a un problema social relevante, además de ser una buena práctica periodística.

 

Si bien el programa mencionado no fue un espacio de divulgación de mentiras, la gente, enardecida, cuestionó por qué les dan micrófono a invitados con opiniones en contra de la vacunación con dineros públicos. Incluso algunos pedían que se saque a Carlos Vera del aire. A partir de aquí se puede desmitificar información que algunos repiten, pero en la cual no se detienen a pensar. El primer mito es que TC es un medio público. No lo es. TC es un medio que fue incautado en 2008 y que nunca ha recibido fondos públicos, sino que funciona como empresa privada que se sostiene con publicidad. El segundo, es que, asumiendo que TC fuera un medio público, ¿hay un problema con que los ciudadanos escuchen la perspectiva de gente que de alguna forma cuestiona la vacuna? No lo hay. Que los televidentes tengan acceso a pluralidad de ideas, así les parezcan equivocadas, les da libertad de entender a quien no piensa como ellos. La agenda del Gobierno es, claramente, que todos los ecuatorianos se vacunen. Entonces, ¿por qué no tomar la iniciativa de Carlos Vera como un ejercicio de libertad de expresión más allá de posibles presiones gubernamentales?  

 

Alrededor del programa mencionado aparece una paradoja. Muchas de las personas contrarias a las vacunas alegan que existe un complot para evitar que la verdad de la ineficacia de las vacunas salga a la luz. Lo mismo dicen de una posible conspiración entre medios, farmacéuticas y políticos. No permitir que sus ideas se conozcan es convertir esa paranoia en realidad. No escuchar sus voces sería darles la razón acerca de la censura que dicen experimentar. Contra errores fácticos o incluso fanatismo del grupo antivacunas, lo que cabe es el contraste con datos verídicos y ciencia, pero no la censura.

 

Al pedir que se impida hablar a cualquier persona que no empuje la iniciativa de la vacunación, ¿no tenemos la prueba de que la gente le teme más a quien opina distinto que al virus? La censura no nos salvará ni del contagio ni de la muerte. Al contrario, dejar que alguien exponga información refutable, ayuda, por contraste con la realidad, a evidenciar errores en esas propuestas.

 

El miedo al disidente es más fuerte que el miedo al virus. Este infundado temor es innecesario porque, entre escuchar ideas que les perturban o pedir censura para esas ideas, los espectadores siempre tienen mejores alternativas: cambiar de canal o apagar la televisión.

 

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