La bioseguridad

- 12 de noviembre de 2020 - 00:00

Hoy como especie humana estamos impelidos por un ciclo histórico muy decisivo para nuestro planeta. Somos actores y testigos de una transformación cultural incierta cuyo alcance es aún difícil de predecir, pero que con certeza alterará nuestras vidas y opciones de futuro. Han sido meses difíciles para las naciones, los Estados las instituciones y las personas.

La civilización global enfrenta un reto sustantivo en virtud de la expansión mundial de la COVID – 19. En menos de un año en muchas regiones del planeta el conjunto de las sociedades han enfrentado la crisis de salud pública, las dificultades derivadas de décadas de debilitamiento, así como la afectación de la estabilidad económica y política, lo que ha comprometido la gestión pública y ha generado la necesidad de fortalecer el despliegue de estudios públicos permanentes como disciplina y saber práctico, necesidades que no provienen del debate universitario interno, sino que arriban como demanda civilizatoria esencial. Hay ya la necesidad de disponer de más conocimiento sobre los problemas que se han enfatizado y que se han creado.

La pandemia y sus efectos ha puesto en evidencia la centralidad de lo público y lo común, para la vida y para las posibilidades de mejores futuros compartidos. Los sistemas públicos de salud, seguridad, educación, finanzas, vivienda, trabajo, así como los gobiernos locales demuestran que lo común y lo compartido es una condición ineludible del desarrollo humano y equitativo. En cada país han sido las instituciones públicas que con diversos volúmenes de recurso e incluso de capacidades han dado los pasos para atender la emergencia, salvar vidas y proyectar el futuro.

Pocas veces en su larga historia las universidades han enfrentado tan singulares desafíos de actualización y producción conocimiento relevante y pertinente. Sabemos que nos ha afectado la vida doblemente se ha puesto en riesgo la condición biológica y social, muchos temas y debates que hasta hace poco parecían centrales han perdido urgencia. En su lugar, los campos de la salud, bioseguridad, economía, abastecimiento de alimentos y productos básicos, el acceso a la educación y a las nuevas tecnologías de la comunicación, el transporte público, así como la cooperación internacional, se han transformado en asuntos obligados de las agendas de trabajo de los gobiernos y de las universidades.

La bioseguridad es un espacio del conocimiento que requiere ser desarrollado con seriedad en las universidades, porque asume diversos ámbitos de las ciencias sociales, de la salud, de las ciencias de la vida, de la alta gestión pública, y que se desplaza desde el biopoder y la biopolítica.  Pues es necesario integrar nuevos campos de saber en la superación de la pandemia que atravesamos, como la gestión urbana, la arquitectura, la psicología, la pedagogía, el medio ambiente y los estudios culturales, así como los estudios de complejidades.

En el Ecuador por primera ocasión y con al aporte del Fondo Ítalo Ecuatoriano de Desarrollo Sostenible se ha implementado junto con el Instituto de Altos Estudios Nacionales – IAEN- un primer curso para tratar este tema vital para la sociedad actual como es la Bioseguridad y sus complejidades actuales. (O)

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