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El Telégrafo
Nathaly Pernett

Seguridad y legalización

24 de enero de 2022 00:47

La falta de trabajo y educación sin duda alguna repercute directamente en el incremento de la criminalidad, pero una ley laboral que comprenda y dé un balance a la formalidad no es el tema del artículo de hoy. Y el tema educación dista aún más, pero paradójicamente sí vamos a cuestionar el pretender reformar, reformar y volver a reformar las normas en materia penal o, como muchos creen, endurecer normas y penas como camino para atacar la inseguridad. O peor aún permitir que la fuerza pública pueda usar armas sin tener una adecuada capacitación y principalmente  acceso a salud mental, para poder entender el uso progresivo de la fuerza.

Lo sucedido sin duda y como ya lo mencionamos, tiene centenares de aristas a tratar, pero hoy quiero hablar del falso enemigo: El narcotráfico. Debemos entender que la “guerra” en su contra es un despropósito absoluto e inclusive me atrevo a aseverar una cortina de humo. El agotamiento del sistema judicial y penitenciario son el fracaso del prohibicionismo en la búsqueda de un mundo libre de drogas que creó los negocios criminales más lucrativos y peligrosos con corrupción, violencia indiscriminada, violación de derechos humanos y todo tipo de  ilícito que son los que hoy se toman las calles del país y encabezan los titulares de prensa.

El narcotráfico esta frente a nosotros inmiscuido en lo más profundo y diverso de nuestra sociedad, en la vecina de la tienda que sabe que el dinero de uno de sus hijos no es lícito, en la autoridad estatal que no abre contenedores porque sabe que están contaminados, en ese policía que sabe las rutas y las deja pasar, en ese constructor al que nadie compra departamentos pero sin embargo cada día lanza una nueva obra, en carteras, zapatos, relojes, barcazas, casas, fiestas. En fin, el narcotráfico lo tiene tomado todo, y aquello que le falta conquistar lo consigue; la policía y las autoridades no son la excepción.

Este baño de sangre muchas veces inocente tiene una sola raíz, y es que las drogas son ilegales, son prohibidas; pero, sin embargo, son apetecidas y consumidas.

Tenemos que bajarnos de la nube, Ecuador es uno de los principales puntos de despacho del comercio mundial de cocaína, entonces si tenemos este “negocio” inmerso en todas las esferas, y sus costos en vidas humanas son incalculables, de qué sirve seguir prohibiéndolo, quien consume drogas lo hace sea licito o prohibido, no vamos a abrir la puerta a generaciones perdidas, ni este es tema de moralidad, ni siquiera de salud pública pues insisto el consumidor existe hagas lo que hagas, la diferencia entre legalizar las drogas o seguirlas prohibiendo y “ combatiendo” , es que  hoy al consumirlas consumes vidas, consumes sangre.

¿Cuáles serían los beneficios de la legalización, de su producción, comercialización y consumo?

Entre otros:

Poner fin al mercado ilegal que reduciría la corrupción y la violencia que le están asociadas, reduciría la ganancia del crimen organizado y con ello su capacidad de maniobra.

Los gobiernos dejarían de gastar las enormes cantidades que hoy destinan a la “lucha contra el narcotráfico” de la cual muchas veces son parte y en lugar de ser cómplices pasaría a ser fiscalizadores estableciendo las normas para realizar la actividad, recibiendo los impuestos generados por la venta legal de drogas, que son más altos que los del tabaco y el alcohol para usarlos en acceso a trabajo, salud, educación y atacar las bases del conflicto social.

Se rompe el círculo perverso entre la venta de drogas y los fabricantes de armas, se reducen los problemas de salud asociados al consumo ilegal y los “negocios” aparejados a este como prostitución y trata de personas.

Sin duda este es un tema difícil de aceptar, pero tenemos que empezar a discutirlo, ponerlo sobre la mesa y visibilizarlo; quizás en la legalidad esta una salida para dejar de vivir a merced del crimen organizado.

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