4 meses para una cita médica. ¿Qué puede pasar en 4 meses?

06 de agosto de 2019 00:00

Conseguir una cita con un especialista del IESS no es fácil. En realidad, nunca lo ha sido. En un centro médico de esos que ofrecen servicios externos al IESS, ubicado en la avenida Orellana, en el norte de Guayaquil, el doctor Pérez explica amablemente al paciente que las manchas que tiene en la piel deben ser revisadas por un dermatólogo, que él no puede recetar nada para eso.

El paciente le pide que le consiga la cita y el doctor lo hace. “Por favor, que sea en un lugar cercano, si es en el hospital de Los Ceibos mejor, es cerca de mi casa”.

“No, para Dermatología solo en el Teodoro Maldonado”, aclara el médico. Con un gesto transigente, el paciente asiente. Y el doctor Pérez le entrega el papel con la cita, fecha, hora y médico: es para el 7 de julio de 2019.

”Son tres meses de espera”, exclama el paciente. Efectivamente, es abril, la cita es para julio. Toca esperar, finalmente el tiempo vuela, dice la vieja muletilla. Ya es 6 de julio, las manchas en la piel han crecido, cubren gran parte de los brazos. De repente, suena el teléfono. “Estimado paciente su cita con la doctora... ha sido modificada para el 5 de agosto”. Ningún grito, ningún reclamo altera el aplazamiento, un mes más de espera.

En cuatro meses pueden pasar muchas cosas con esas manchas. Finalmente, llega el lunes 5 de agosto. Hospital Teodoro Maldonado Carbo, extremo sur de Guayaquil. Hay que caminar por lo menos unas cuatro hectáreas de rejas a la redonda, antes de encontrar la puerta de acceso a consulta externa. Puntual, son las 10:10, casi una hora antes de la cita programada.

Pero en Información aclaran que Dermatología en realidad no es precisamente ahí, sino al frente, “al frente, en el otro edificio”. Vuelve... en el otro edificio todo parece estar bien, la gigante sala de espera está temperada, fresca, pero en el piso alto no hay aire acondicionado en los pasillos o salas de espera; es recién media mañana, no hace calor.

Todas las oficinas están cerradas, no hay a quién preguntar dónde está la dermatóloga. Una enfermera abre una puerta y el paciente aprovecha para preguntar. “Espere para tomarle los signos vitales”, dice. Ese proceso se hace rápidamente. Ya son las 10:33. Ahora a esperar en la puerta del consultorio. 11:00, hora de la cita, nadie desde las 10:33 ha salido de ningún consultorio.

Aparece una auxiliar y pregunta “¿no los han atendido? Deben tocar la puerta”, explica. “No creo que ese sea nuestro trabajo”, contesta una paciente que espera con bastón en mano. Y la doctora escucha el diálogo exterior y abre la puerta. “Dígame”, dice. El paciente le contesta: “dígame qué, ¿qué le digo? Tengo una cita a las 11:00”. (I)

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