El duro trabajo de los estibadores de cangrejos

29 de julio de 2019 00:00

La brisa del río y lo complicado del terreno que pisa lo hacen tambalear. Se abre paso por un estrecho puente de madera que conecta una pequeña embarcación con un camino empedrado en medio del lodo del río Guayas.

Con mucha sagacidad y con seis planchas de cangrejos al hombro llega hasta la zona de comerciantes del mercado La Caraguay (sur de Guayaquil). Son las 10:00 y el sol empieza a quemar. Él sube y baja. No se detiene por nada. Sabe que mientras más trabaje más gana y eso no lo hace desfallecer.

Carlos González, de 40 años (foto), lleva 22 en este oficio. Su jornada de trabajo es variada: puede iniciar a las 06:00 y terminar a las 18:00, como puede durar de tres a cuatro horas al día. Todo depende del número de embarcaciones que arriben a las riberas del mercado.

Pedro Villamar, un comerciante de cangrejos que viaja desde Puerto Roma hasta Guayaquil todos los días en busca del crustáceo, elogia el trabajo de los estibadores.

Dice que es sacrificado porque muchas veces ha visto accidentes. “Se han resbalado en los puentes. Una vez presencié cómo un crustáceo le agarró la oreja a un estibador. El dolor fue tal que lanzó al agua las 8 planchas de cangrejos que llevaba. Algunos trabajan con guantes gruesos de lana. Otros lo hacen sin protección”.

Durante las mañanas se mueve todo el negocio, reconoce Adolfo Mirabá. En este mercado son cerca de 15 los estibadores. Tienen mucha agilidad para correr con seis y hasta con diez planchas de cangrejos al hombro.

Por corrida, como ellos llaman a sacar los cangrejos de las embarcaciones hasta los mesones de los mayoristas, cobran entre 2 y 3 dólares. “Algunos tienen 20 años en este oficio y son muy conocidos por los comerciantes”.

En tan solo una hora González ha logrado estibar más de 40 planchas. Se toma un respiro, mira a la ría y baja con más fuerza por una rampa. “Al fin y al cabo de esto vivo”, dice. (I)

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