El juego del “reto” la dejó con la ropa oliendo a alcohol

10 de julio de 2019 00:00

Eran las 22:30 del viernes 5 de julio de 2019, Ana viajaba en la metrovía de Metrobastión con destino al norte de Guayaquil y conversaba con su amiga Luisa entretenidamente.

Ana iba agarrada de uno de los tubos de la parte posterior de la unidad de transporte y Luisa estaba sentada abrazada a su mochila. Conversaban de sus estudios, de sus profesores, de sus andanzas y de sus amigos.

Ambas jóvenes eran estudiantes universitarias y mostraban sus rostros cansados, como muchos de los viajeros, de pie y sentados, con destinos diferentes, que iban en el sistema de transporte masivo.

El ruido cada vez era más alto, por las múltiples voces y risas de los adolescentes, jóvenes y adultos. En el ambiente se percibía un vaho desagradable, como si alguno de los pasajeros hubiera pasado por algún bar.

Una de las reglas de la metrovía es evitar que ingresen al bus personas bajo efectos del alcohol, pero a veces no se cumple.

Ana comentaba a su amiga que una noche salió con amigos a un bar, donde a uno de ellos se le ocurrió jugar el  “reto” que consistía en tomar licor.

Hicieron la rueda en el grupo y cuando le tocó su turno uno de los chicos le dio la botella para que tome. Uno le alzó la botella violentamente y le derramó licor en la blusa y otro poco en el pantalón.

Cuando se percató de que empezaron a manosear su cuerpo, paró y dijo: ¡ya no más! y se fue a casa, le decía a Luisa. Su temor era llegar a su hogar y que su madre la viera empapada de alcohol.

Le dijo a Luisa que una vez en casa rápidamente se cambió de ropa y cuando la puso en la lavadora no había agua, por lo que la tuvo que esconder hasta poder lavarla.

Ana le confesó a Luisa que con esa experiencia ya dejó de beber en grupo y ahora se preocupa más por los estudios. Ambas amigas quedaron en verse nuevamente en la universidad. Primero se bajó Ana y después Luisa. (I)

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