El taxista que cogió como paño de lágrimas a su cliente

07 de agosto de 2019 00:00

”Historia de taxi”, pero no precisamente la canción de Ricardo Arjona, sino la de un conductor que como forma de desahogo me agarró como paño de lágrimas. No es nada nuevo que los taxistas cuenten mil y una historias o que se quejen porque tienen demasiada competencia.

La carrera recién se había pactado en $ 2, pues desde Tungurahua y 9 de Octubre es relativamente cerca hasta el km 1,5 de la Av. Carlos Julio Arosemena.

Ni bien me acomodo en el asiento, el hombre empieza con un relato, sin mera introducción ni nada. Parecía que estaba pensando en voz alta. “Ahora ya no quiere que le coja la mano (yo me sorprendo). Me dice que ella pone la mano en el asiento para que se la coja cuando ella quiera, no porque es una obligación”.

Y continúa: “Llevamos siete años juntos, pero más le importa su trabajo, sus compañeros, y claro la hija que tiene que ya va para 17 años. Y yo dónde quedo”. En ese punto yo empiezo también a preocuparme por lo que le pasa a esa dama con este caballero.

Él continúa indignado. “Imagínese que cuando arman sus fiestas de Navidad en la empresa donde trabaja nunca me lleva. Me dice que solo es para empleados. Pero una excompañera de ella me dijo que andaba con un abogado, pero lo niega, dice que es mentira”.

El hombre, confuso y angustiado a la vez, saca sus conclusiones: “Pero en todas las fiestas a la que va está ese abogado y una vez estuvimos frente a frente y ni me presentó siquiera”. Como para subsanar su herida, cuenta que ahora la trata con un poco de indiferencia: ya no le besa la mano, ya no le dice mi amor, sino “señorita, cómo le va”, tampoco le hace caricias.

Estamos a segundos de llegar a mi destino y yo me quedo con la incógnita de qué pasará con esta pareja. Le pregunto: ¿pero ustedes viven juntos? No, ella vive cerca de mi casa, pero llevamos siete años juntos, repite. Me bajo del vehículo con algo de incertidumbre y solo atino a desearle que tenga un buen día. (I)

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