El “cementerio de los extranjeros” sigue cerrado a los visitantes

23 de mayo de 2013 - 00:00

El historiador Julio Estrada, en la Guía Histórica de Guayaquil, narra que por un desafortunado episodio ocurrido en 1866 y protagonizado por la Iglesia católica nació la idea de edificar un cementerio para los extranjeros en este puerto.

Resulta que murió  míster Edward St. John Neal, encargado de negocios de Gran Bretaña, quien mientras era llevado hacia el camposanto, el cortejo fúnebre fue detenido por altos funcionarios eclesiásticos que se opusieron tenazmente a que el súbdito inglés sea sepultado en el cementerio de la ciudad, por el solo hecho de ser protestante. Hasta 1909 el cementerio tenía la denominación de católico, de ahí que la iglesia  decidía quién podía o no enterrarse ahí.  

El Cabildo de Guayaquil destinó un terreno para la edificación y aunque no se sabe con certeza cuándo se iniciaron ni cuándo concluyeron las obras, en 1872 ya estaba en pleno uso. Su primer inquilino fue don Joseph Warren Tyler.

Conocido en sus inicios como Panteón Protestante, desde 1929 el Departamento de Obras Públicas municipales lo describió oficialmente como “cementerio de los extranjeros” y con ese nombre se ha  mantenido hasta la actualidad.

Un cúmulo de nacionalidades se juntan en las 188 tumbas, entre ellas 4  que son ecuatorianasEn 2003 el Ministerio de Educación le dio el título de Patrimonio Cultural de la Nación. Doscientos metros lo separan del Cementerio General con el que comparte la acreditación patrimonial. Sin embargo, a diferencia de este que tiene abiertas al público varias de sus 14 puertas, la entrada del pateón de los foráneos permanece cerrada.

Afortunadamente la puerta y la cerca son de barrotes y, aunque no se puede ingresar, desde afuera es posible observar el interior del lugar. El adagio de que todo tiempo pasado fue mejor se confirma en una fotografía tomada en 1920, en la que el cementerio aparece en todo su esplendor, en el  presente se  advierte el paso de los años reflejado en  las tumbas cuarteadas, sin pintar, cruces tiradas en  el suelo.      

“Ese lugar lo cuida don José Andrade desde hace años”,  informa uno de los guardias del Cementerio General “pero a veces está por arriba, en la loma y no escucha, es que tiene más de 70 años”.

Un cúmulo de nacionalidades: alemanes, británicos, daneses, suizos, griegos, hebreos, irlandeses,  franceses, holandeses, rusos, noruegos, checoslovacos, canadienses, colombianos y belgas, se reúnen en las 188 tumbas de este cementerio, que alberga hasta a 4 ecuatorianos.  

Personas particulares y entidades se han encargado del recinto. Apenas creado, el Municipio de Guayaquil lo entregó  a los cónsules extranjeros para que sepultaran a sus compatriotas.

Posteriormente, cuando se creó el Cuerpo Consular, este organismo lo administró hasta el año 1945. A  partir de esta fecha permaneció abandonado durante más 15 años. En la década del 60, el Centro Cultural Ecuatoriano Alemán se hizo cargo  hasta el 4 de mayo de 2012, que lo entregaron oficialmente al alcalde de Guayaquil,  Jaime Nebot, señala Anita Mucks, funcionaria del centro.

El cementerio de los judíos

En realidad no es uno sino dos los camposantos consagrados a esta religión. El primero está ubicado en la parte antigua del Cementerio General, a la que se entra por la puerta 1. La característica de este panteón es que sus tumbas tienen la estrella de David y no hay construcciones en alto, todas están sobre la tierra.

Así mismo, es fácil llegar al otro porque el mismo símbolo adorna sus tumbas, que son más recientes. Se accede por la puerta 12.

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