Sociedad matriarcal

- 22 de noviembre de 2020 - 00:00
Cortesía

Prelorán en "Mi tía Nora" muestra, de este modo, a Quito como si fuera un mundo de realidades cerradas, acaso inaccesibles.

La Cinemateca Nacional del Ecuador ha liberado algunas películas patrimoniales en su canal de YouTube. Una de ellas es "Mi tía Nora" (1983) del documentalista y etnólogo argentino Jorge Prelorán, guionizada además por su esposa, Mabel Prelorán. Su importancia radica en que es un retrato de un tipo de sociedad quiteña cuya base es el matriarcado, visto a través de la lente antropológica.

Es así como "Mi tía Nora" es un trabajo realizado cuando los Prelorán filmaban en Otavalo el documental etnográfico, "Zulay frente al siglo XXI", entre 1980 y 1989. Un problema de salud les obligó a detener su labor, llevándolos a recorrer Quito, sus rincones y su gente, y escribir un guion sobre una mujer de clase media quien, tras la muerte de su madre, al intentar reanudar su camino, evidencia su incapacidad de poder integrarse a la sociedad.

Prelorán plantea un argumento donde se ve la fuerte presencia de la madre que supedita el comportamiento de sus hijos, sobre todo de su hija Nora, el punto de anularle en su voluntad y su idea de futuro. A esto se añade el rol de la cuñada que a la par es autoritaria y manipuladora, y que ve en Nora una amenaza, haciéndole creer que es una demente.

Si bien "Mi tía Nora" puede pasar por un drama familiar más, lo que le diferencia es su forma de representar el rol de la mujer dominante, no necesariamente autodeterminativa, que trata de mantener el poder en el mismo sentido del patriarcalismo castrante.

La pregunta sobre la represión está presente en el filme, es decir, hasta qué punto la familia se constituye en un entorno que impide el crecimiento y la libertad, lo mismo que ciertas instituciones (el hospital, el manicomio), extienden el maltrato al individuo hasta llevarlo a su propio descentramiento y muerte.

Prelorán en "Mi tía Nora" muestra, de este modo, a Quito como si fuera un mundo de realidades cerradas, acaso inaccesibles. Unas son las clases medias o altas, arguyendo además una hipócrita beatitud (es interesante la figuración que se hace del sacerdote como un aprovechador del sistema opresivo), que crían individuos pacatos y funcionales al sistema.

Otras son las de los nuevos actores sociales que bordean y amenazan la vida mojigata de los quiteños, con las figuras del intelectual o del pintor liberal. Y más allá, en los bordes de la supuesta ciudad tranquila, estarían los rostros y las voces mudas de los pobres, cargadores de mercados o mendigos que deambulan por las calles.

"Mi tía Nora", por ello, es un interesante estudio antropológico de la vida citadina que oculta sus problemas puertas adentro. (I)

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