¿Qué poetas dio Guayaquil en el Bicentenario?

- 23 de octubre de 2020 - 00:00
El Telégrafo

A partir de 1913, aparecen los lunes literarios, y en 1915 los jueves literarios de diario El Telégrafo, donde se dan a conocer nuevos poetas, como Medardo Ángel Silva, José Antonio Falconí Villagómez, José María Egas, entre otros.

Las grandes biografías literarias del Bicentenario permitieron descubrir la esencia de Guayaquil, su identidad, su forma de hablar, creencias, la forma de ver al mundo. Realizaremos un recorrido por aquellos momentos inmemorables de las letras guayaquileñas en la narración de Rodolfo Pérez Pimentel, declarado Cronista vitalicio de la ciudad de Guayaquil y miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador, junto a Paúl Peñaherrera, experto en Literatura de la Universidad de Las Américas (UDLA).

En el siglo XIX aparece la figura de José Joaquín de Olmedo, quien nos incorpora al neoclasicismo con sus primeras poesías como su Canto a Bolívar. Según Rodolfo Pérez Pimentel, historiador y biógrafo ecuatoriano, Olmedo habría inaugurado el romanticismo en América. En esta corriente, surgen también otros nombres como Juan León Mera, Julio Zaldumbide, y Numa Pompilio Llona. Este último, poeta guayaquileño, que con su famosa La odisea del alma, se sitúa frente a grandes escritores de Europa. Incluso su obra fue la más publicitada en ese continente. Sus ediciones eran de lujo, con pasta gruesa y fotografías.

“A partir de 1913, aparecen los lunes literarios, y en 1915 los jueves literarios de diario El Telégrafo, donde se dan a conocer nuevos poetas, como Medardo Ángel Silva, José Antonio Falconí Villagómez, José María Egas, entre otros. Estos espacios permiten a Silva alcanzar fama, no solo por escribir poesía sino prosas poéticas, una forma complicada de hacer poesía, un estilo que iba más hacia una crítica”, narró Pérez Pimentel.

Después de Silva, que marca el mayor momento del modernismo en Guayaquil, vienen otros como Miguel Augusto Egas, que firmaba con seudónimo Hugo Mayo (Hugo por Víctor Hugo, y Mayo por ser el mes de primavera en Europa). Tiene una revista de una sola hoja titulada Motocicleta, que ya anunciaba el modernismo. Además, presentó el poemario El puño en Alto, que reflexiona a la ciudad desde distintos aspectos. En esa época, también se manifiesta la gran poetiza guayaquileña María Piedad Castillo, quien escribió gacetillas en diario El Telégrafo.

Para el docente Paúl Peñaherrera, el Grupo de Guayaquil (José de la Cuadra, Enrique Gil Gilbert, Joaquín Gallegos Lara, Demetrio Aguilera Malta y Alfredo Pareja Diezcanseco) un colectivo de escritores guayaquileños que transforma absolutamente la literatura ecuatoriana, expresaron por primera vez la plurinacionalidad, nos presentan a un Ecuador heterogéneo (montubio, cholo, afro, mujeres). “Este es el momento en el que la palabra genera identidad, empieza a recuperar la cultura, historia, a valorar el entorno. Y eso lo logra con mucha fuerza Guayaquil, incluso hasta ahora, ese orgullo de pertenecer a la tierra y encontrase con ella”, señaló Peñaherrera. “No hay nada peor en el mundo que te hagan la ley del hielo, el rato que te quitan la palabra, dejas de existir”, así relaciona el docente de la UDLA con la poca expresión que tenían los sectores marginados en el país y que el Grupo de Guayaquil visibilizó en sus letras.

El Grupo de Guayaquil también escribe para diario El Telégrafo, eso les permite compartir sus artículos con otros escritores en Latinoamérica. Según Peñaherrera, se construye entonces el primer escenario de debates intelectuales sobre cuál debería ser el futuro del Ecuador. Además, indicó que en estos espacios, la mujer también buscaba insertarse. “No para escribir sobre amor, querían recuperar la voz desde la concepción del mundo en una sociedad machista.” Detalló también a tres mujeres representativas en la literatura ecuatoriana contemporánea, Mónica Ojeda, Solange Rodríguez, María Fernanda Ampuero y Daniela Alcívar, escritoras relevantes que dan la palabra a la mujer en sus letras.

Después de este recorrido, cerramos con una frase que recogimos en la entrevista con el historiador Rodolfo Pérez Pimentel, “Ecuador, este país chiquito, ha producido gente, hombres y mujeres, con una envergadura gigantesca en el campo de las letras”. (I)

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