Ecuador, 19 de Mayo de 2022
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El Telégrafo
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El cementerio que necesita ‘resucitar’ en Guayaquil

Entre todos los cementerios que tiene Guayaquil hay uno en particular que ha ‘muerto’ por el estado de abandono en el que se encuentra.

Se trata del conocido ‘Cementerio de los Extranjeros’ o ‘Cementerio de los Protestantes', camposanto ubicado a unos 200 metros del Cementerio Patrimonial de Guayaquil, en la avenida Julián Coronel, en pleno centro de Guayaquil.

Esta necrópolis guarda una rica historia de las creencias del Guayaquil del siglo XIX marcada por la fe y a la vez intolerancia religiosa. Su construcción fue justamente en respuesta a esos sentimientos discriminatorios hacia todo el que no profesaba la religión católica en aquella época.

La Guía Histórica de Guayaquil, de Julio Estrada Icaza (1917-1993), reseña que este cementerio fue creado en 1870, debido a la intolerancia de la jerarquía católica de la época que administraba el único camposanto de la ciudad e impedía que una persona que no profesaba su religión sea sepultada en sus bóvedas.

El texto destaca un episodio ocurrido en 1866 cuando falleció Edward St. Jhon Neal, encargado de negocios de Gran Bretaña en Ecuador, cuyo cortejo fúnebre fue impedido de ingresar al entonces Cementerio General porque era protestante.

Debido a este acontecimiento, el municipio decidió crear en las laderas del cerro de El Carmen, un nuevo camposanto y por ello fue bautizado en un inicio como el Cementerio de los Protestantes, el cual debía tener una separación de por lo menos 200 metros del ‘cementerio de los católicos’.

En 1870 se colocó una cerca de hierro forjado traído desde Francia y se construyó una escalinata de piedra tallada que terminaba en lo alto en una especie de portón coronado con una cruz.

Ingreso al cementerio desde la calle Julián Coronel.

Poco a poco el predio fue ocupado por decenas de tumbas de cónsules y otros extranjeros que se quedaron a vivir en esta ciudad portuaria, donde se registraba el mayor movimiento económico del país. Por este motivo tomó luego el nombre de ‘Cementerio de los Extranjeros’.

Historiadores coinciden en señalar que el primer cuerpo en ser sepultado en el Cementerio de los Extranjeros fue el de Joseph Warren Tyler, hijo de un comerciante de origen irlandés, que murió a temprana edad aquejado por la epidemia de fiebre amarilla que acechaba al Guayaquil de la época.

Desde su creación, el municipio encargó el mantenimiento a cónsules extranjeros para que sepultaran a sus compatriotas. Esto ocurrió hasta 1945 y durante 15 años permaneció abandonado hasta la década de 1960, cuando el Centro Cultural Ecuatoriano Alemán se hizo cargo hasta el 4 de mayo de 2012, día en el que se lo entregó definitivamente al Cabildo porteño.

Actualmente un grueso candado y unas oxidadas cadenas impiden el paso a este olvidado camposanto, donde prevalecen las tumbas descoloridas en medio de espesa vegetación. El paso del tiempo se ha encargado de erosionar las deslucidas escalinatas coronadas en lo alto por un portón y una cruz que alguna vez estuvieron pintadas.

Tumba de un ciudadano extranjero, que data de 1916.

Pese a su antigüedad, pocos conocen de su existencia y lo ven más bien como una extensión del Cementerio Patrimonial, actualmente administrado por la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Según registros del Centro Cultural Alemán, este cementerio alberga a 190 muertos: 12 sin nacionalidad conocida, 101 alemanes, 32 británicos, 7 daneses, 6 escoceses, 6 suizos, 5 estadounidenses, 4 hebreos, 4 ecuatorianos, 3 irlandeses, 2 franceses, 2 holandeses, 1 ruso, 1 noruego, 1 checoslovaco, 1 canadiense, 1 belga y 1 colombiano.

Ciudadanos esperan que este lugar sea readecuado y se convierta en un atractivo turístico de la ciudad, más aún si alberga lápidas de ciudadanos de distintas nacionalidades del mundo. (I)