Ecuador, 21 de Mayo de 2022
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El Telégrafo
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25 años tras las rejas por violar y matar a un niño

“Pocholito”, a sus 8 años, no difería de otros niños de su edad. Jugar, estudiar, reír, crecer… a todo eso dedicaba su tiempo el infante, quien cursaba el tercer grado en la escuela fiscal Juan Montalvo del cantón Baba, en la provincia de Los Ríos; y acostumbraba en sus ratos libres a disfrutar del campo en el recinto Cimarrón, donde vivía en unión de sus padres y hermanas.

Sin embargo, la inocencia y la vida misma de “Pocholito”, como cariñosamente lo llamaban sus allegados, fueron  brutalmente interrumpidas, cuando su endeble cuerpo no resistió los estragos que le causó una violación y la  perforación de los intestinos y varios órganos, al haberle introducido un tubo plástico de media pulgada de diámetro y de unos 70 cm de largo por el recto.

El execrable hecho, según consta en el proceso que por delitos sexuales inició el fiscal de Los Ríos, con sede en Baba, Carlos Albán, ocurrió el sábado 19 de noviembre de 2011, a las 17:00, en los predios de la hacienda El Edén, dedicada a la producción de banano.

Por el delito fue procesado Marcelo Rafael Ruiz Sánchez, de 18 años, y un adolescente de 14 años. Luego de diez meses de juicio, los tres miembros del Tercer Tribunal de Garantías Penales de Babahoyo, por unanimidad, dictaron sentencia condenatoria contra el adulto, tras haber determinado su autoría en el delito de violación con muerte, estipulado en el artículo 512 numeral 1 y sancionado por los artículos 513 y 514 del Código Penal, imponiéndole una pena de 25 años de reclusión mayor especial, que según la resolución judicial, emitida el pasado 14 de septiembre, la cumple en el Centro de Rehabilitación Social de Varones de Vinces.

A pesar de haberse conseguido una sentencia en este caso de delito sexual que, según profesionales del Derecho como David Villamar, es usual que queden en la impunidad porque los afectados, como consecuencia de estar  horrorizados y traumatizados por lo que les ocurre o porque son objetos de amenazas, el consuelo y resignación todavía no llegan a los deudos.

Los gritos de dolor y angustia aún retumban en las cabezas de Roxana Tamayo Vargas y José Luis Véliz Torres, cuando recuerdan los episodios vividos desde el momento en que vieron a su pequeño hijo agonizar y luego morir desangrado entre sus brazos.

El texto relata que el menor salió de su casa a jugar, mientras su madre se encargaba de los quehaceres domésticos, pero al transcurrir las horas, la mujer recibió la noticia de que “Pocholito”, supuestamente, se había caído en una   zanja de la bananera y se había golpeado fuertemente el estómago, luego de comer varios guineos, ocasionando que se hinchara.

En el trayecto la progenitora se enteró de que el ahora sentenciado, junto con dos menores de 11 y 14 años, había  llevado a “Pocholito” con supuestas intenciones de bañarse en un río del sector. Sin embargo, eso fue desmentido con las diversas diligencias de ley que se dieron posteriormente. Además, relatan los padres, que el menor señaló a Ruiz  de haberlo ultrajado.

Según el peritaje dispuesto por la Fiscalía, dentro de la etapa de instrucción fiscal, quienes cometieron el delito abusaron sexualmente del menor de edad y luego le introdujeron violentamente, con repetidos movimientos de penetración, el objeto contundente, que le ocasionó traumas severos en los riñones, además de laceraciones en el colon y el ano, según el médico Ronald Moreno.

Al infante lo llevaron al hospital de Baba, donde los médicos informaron que el estado era grave, debido a que tenía un sangrado en la región anal, por lo que fue trasladado de emergencia al hospital Francisco de Ycaza Bustamante, en Guayaquil, donde horas después falleció. La autopsia reveló que el menor tenía una laceración en el intestino grueso, que le produjo peritonitis, además de una hemorragia.

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