“Esta mujer ha torturado y matado”, decía el cartel que tenía en el cuello

El odio llevó a la Condesa a asesinar a 135 mujeres

- 27 de noviembre de 2015 - 00:00

“Esta mujer ha torturado y matado”, decía el cartel que tenía en el cuello

Tres hombres y 135 mujeres fueron las víctimas de Darya Nikolayevna Saltykova, la aristócrata rusa que en en el siglo XVIII sembró tortura y terror entre las personas que tenía a su servicio. Fue una sádica que se divertía abusando de sus criados.

Nació el 11 de marzo de 1730 en Moscú, Rusia. Pertenecía a una familia noble. Su abuelo había sido una figura importante en tiempos de Sofía y Pedro I. La familia estaba conectada con círculos sociales importantes de la antigua Rusia.

Muy joven se casó con Gleb Alekseevich Saltykova, quien era capitán de Regimiento de la Guardia Real y pertenecía a la nobleza; de su esposo heredó el apellido Saltykova que llevaría posteriormente. Su apellido inicial era Ivanova.

La pareja procreó dos hijos: Teodoro y Nicolás, quienes al igual que su padre sirvieron en la Guardia Real. A los 22 años enviudó Darya. Ella heredó una cuantiosa fortuna, convirtiéndose en la viuda más adinerada de Moscú.

Dentro de sus propiedades adquirió una finca con más de 600 sirvientes en Troitskoe, cerca de Moscú, la que le serviría de morada junto a sus hijos luego de la muerte de su cónyuge.

Nuevo romance y traición

La tristeza por la muerte de su esposo la compensó un nuevo romance. Nicolás Tyuchev cambió la vida de Nikolayevna Saltykova, quien estaba envejeciendo en soledad.

Darya había encontrado una razón que anime su existencia en su aristocrática finca. Sin embargo, Tyuchev tenía un romance con una bella chica que, a diferencia de ella, estaba en plena juventud. Con la que finalmente se casa en secreto.

Darya se enteró pronto de lo sucedido y entró en una crisis de celos e ira, mandando a algunos de sus sirvientes a perseguir y asesinar a la joven pareja. Sus sirvientes no ejecutaron la orden y alertaron a Nicolás y a su esposa, de modo que ambos escaparon hacia Moscú y luego a otra región de Rusia, quedando así fuera del alcance de la rencorosa condesa.

Tortura y crímenes

La traición de Tyuchev cambió la conducta de la condesa. Al comienzo se limitaba a imponer como castigo, por limpiar o hacer mal las tareas, el asestar golpes a sus sirvientes con el rodillo de la cocina en la cabeza, empleaba reiterados azotes, aplicados con esa enorme fuerza que se le atribuía.

Tomaba del cabello a las sirvientas, las arrastraba y les golpeaba la cabeza contra la pared. Después tiraba de las orejas de las víctimas con pinzas calientes, les lanzaba agua hirviendo, chamuscaba el cabello o se los arrancaba brutalmente.

También, a sus víctimas les rompía los huesos o las dejaba atadas y desnudas al aire libre, donde morían por frío y hambre. También se sabe que torturó a muchos sirvientes hombres que estaban de novios a punto de casarse, principalmente azotándolos durante largos períodos de tiempo.

Darya masacró alrededor de 100 sirvientes, en su mayoría mujeres, convirtiéndose en la asesina serial por excelencia de Rusia, y en una digna sucesora de Elizabeth Bathory, la condesa sangrienta.

Sus métodos variaban del simple azote a la escarificación y la ingesta de sangre directamente de las heridas de sus víctimas, muchas de las cuales aún estaban vivas cuando ella saciaba sus apetitos vampíricos.

Escapan para denunciar a condesa

Pronto comenzaron los comentarios entre la gente del pueblo sobre las macabras prácticas de la condesa. Los afectados presentaron 21 denuncias por escrito.

Pero las autoridades no hicieron prácticamente nada e incluso fueron sancionados algunos denunciantes debido a las conexiones de la condesa con la corte y el poder de soborno que tenía.

En el verano de 1762 los campesinos siervos Sakhvely Martínov y Ilyin Ermolay, quien perdió tres esposas por culpa de Darya, consiguieron escapar de la finca y llegaron hasta San Petersburgo, donde se las arreglaron para presentar un pedido escrito a la emperatriz Catalina II “La Grande”. Esta quedó horrorizada e indignada con las atrocidades que en la carta se le adjudicaban a la condesa.

La impunidad de los delitos cometidos por la condesa se terminó, al iniciarse un proceso judicial. Darya fue encarcelada durante seis años, hasta 1798, período que la ley rusa consideró justo y oportuno investigar las acusaciones.

El resultado de las pesquisas arrojó la siniestra cantidad de 138 muertos, de los cuales se pudo probar apenas 38 casos.

Confesiones y sentencia

La condesa confesó el asesinato de 138 sirvientes, tres hombres, 135 mujeres. Mediante las investigaciones, la emperatriz Catalina II pudo dictar cadena perpetua para Darya en 1768. Además le privaron de sus títulos de nobleza, las propiedades y el dinero fue repartido entre sus hijos.

Como la pena de muerte fue abolida en 1754, Saltykova fue expuesta desnuda en la plaza central de Moscú durante una hora, con una nota colgada de su cuello en la que se podía leer: “Esta mujer ha torturado y matado”, fue la justicia que impuso el pueblo. Posteriormente fue recluida en el convento de Ivanowski, en Moscú, donde residió en los lóbregos sótanos hasta su muerte. Se dice que no toleraba la luz del día.

Análisis siquiátrico

Según opinión de los siquiatras, el casamiento secreto y la huida de Tyuchev fue el suceso que actuó como detonador en la posterior conducta asesina de la condesa rusa, sobre todo hacia las mujeres.

Muerte

El 27 de noviembre de 1801 muere a la edad de 71 años la funesta condesa, no pudiendo, sin embargo, llevarse el recuerdo de su nombre que junto al de contadas criminales permanecerá por siempre en la cima de las más crueles mujeres de la historia.

La condesa Darya Saltykova fue enterrada en el cementerio del Monasterio de Donskoy, sede de extrañas apariciones y comentarios escandalosos. Aún hoy, en sus ruinas, los cuidadores aseguran ver una figura famélica, consumida, arañando la dura tierra de la necrópolis, presumiblemente buscando algo para comer. (I)

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