Todo el tiempo están sucediendo cataclismos dantescos

Contrariamente a lo que la célebre frase dice, Dios sí juega a los dados

Todo el tiempo están sucediendo cataclismos dantescos
04 de enero de 2015 00:00

Por decenas de miles de años la Humanidad pensó que el universo en el que vivimos es un lugar pacífico y armonioso. Así lo sostuvo el gran Aristóteles, lo ratificó sir Isaac Newton y lo refrendó Albert Einstein con esta célebre frase: “Dios no juega a los dados”. Einstein era ateo, pero con esta frase quería decir que existe un orden cósmico que propende a la estabilidad y descarta el azar.

Sin embargo, en el último siglo hemos ido descubriendo que la verdad es muy diferente... e inquietante. A todos ellos Stephen Hawking les ha contestado con esta dura frase: “Dios no solo que juega a los dados. A veces también echa los dados donde no pueden ser vistos”.

Porque en nuestro vasto universo suceden a diario actos violentos, cataclismos de proporciones dantescas: agujeros negros que engullen estrellas, planetas que se chocan como bolas de billar, estrellas que agonizan y mueren con explosiones descomunales, colisiones entre galaxias que contienen miles de millones de soles. Y pese a que el universo es un sitio caótico y violento, las consecuencias de esos fenómenos no siempre son trágicas, y el ejemplo más cercano es la Luna.

Hace unos 4.500 millones de años, cuando el Sistema Solar todavía se estaba formando, un planeta del tamaño de Marte llamado Theia chocó contra la Tierra. Nuestro planeta sobrevivió pero el impacto apocalíptico afectó gravemente a Theia y generó una gran cantidad de escombros que salieron expulsados hacia el espacio. Con el tiempo ese material terminó uniéndose y formó la Luna, que por su tamaño -proporcionalmente muy grande- fue clave para la aparición de la vida en la Tierra.

Porque sin la influencia estabilizadora de la Luna, los científicos creen que nuestro planeta sería un lugar muy diferente al que conocemos: giraría más rápido, los días serían más cortos y el clima más caótico y extremo. Un mundo tan duro podría no haber sido apto para la evolución de la vida humana.

A pesar de la enormidad del universo, de sus amplios espacios aparentemente vacíos y de su constante expansión, también las galaxias chocan entre sí.

Esto sucede por la atracción gravitatoria que poco a poco va acercando la más pequeña a la más grande a lo largo de millones de años, hasta que llegan a unirse. Existe, por ejemplo, una galaxia relativamente cercana llamada Centaurus A, una de las más brillantes en nuestro cielo. En su centro un agujero negro expulsa rayos X, y hace poco se observó una espesa capa de gas y polvo que cubre en parte la luz de sus estrellas.

Un cataclismo espectacular que pudo ser observado gracias a que hoy contamos con telescopios súper potentes. Los astrónomos han probado que es el cadáver de una galaxia espiral más pequeña que Centaurus está devorando.

Y si usted cree que esto es algo muy extraño y excepcional, no lo es. Se asombrará seguramente al saber que algo similar sucederá con nuestra Vía Láctea, que va camino a chocar con la vecina Andrómeda. Si usted levanta la mirada al cielo nocturno puede verla: es la galaxia más próxima y se acerca a nosotros a la asombrosa velocidad de 300 kilómetros por segundo. Y así y todo la colisión sucederá dentro de 4 mil millones de años: las estrellas saldrán disparadas en todas las direcciones, planetas y tal vez millares de civilizaciones en los planetas que las circundan serán destruidas.

También nuestro Sistema Solar será expulsado de su sitio actual, pero difícilmente con seres humanos entre las víctimas. Porque mucho antes de eso, nuestro Sol ya habrá agotado su combustible. Y con nuestra estrella agotada, la vida en el planeta Tierra también se habrá extinguido. Pero volviendo a lo que pasará en la galaxia, se sabe que de la fusión nacerá una supergalaxia que ya ha sido bautizada como Lactómeda.

Otro espectacular cataclismo es la explosión de una supernova. Las estrellas muy masivas, aquellas con más de siete veces la masa de nuestro Sol, no viven mucho tiempo. Y cuando han agotado todo su combustible empiezan a enfriarse y estallan violentamente, tanto que el destello puede ser visto en buena parte de la vecindad cósmica. En el año 1572 el astrónomo danés Tycho Brahe fue el primero en describir una supernova, y tan brillante era, que se la vio en pleno día durante varias semanas.

Actualmente estas enormes explosiones pueden ser observadas con modernos telescopios e incluso fotografiadas. En 2011 científicos lograron captar una supernova en la galaxia Remolino, a la asombrosa distancia de 21 millones de años luz.

Otro fenómeno caótico es el surgimiento de los agujeros negros. Son producto de la extinción de un tipo específico de estrella llamada gigante roja, que es una estrella con mucha masa. Resulta que a la muerte de estas estrellas, en lugar de explotar,  sucede todo lo contrario: implosionan. Sufren un colapso. Es decir, se desmoronan hacia adentro producto de que su fuerza gravitatoria aumenta exponencialmente. Con el paso del tiempo esa gravedad es tal que provocan un agujero negro, un sitio donde hay tanta, pero tanta gravedad que nada puede escapar de él, ni siquiera la luz y se convierten en engullidores de cuanto cuerpo celeste tengan cerca. Nuestro universo no es el lugar de paz y orden que durante siglos creímos que era. Es un sitio violento donde todo el tiempo están colapsando y surgiendo nuevos cuerpos celestes. (...continúa)

Esta es una visión artística de un hecho que va a suceder dentro de miles de millones de años: la colisión de dos galaxias, la Vía Láctea y Andrómeda. Foto: Cortesía Internetia
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