Prevención del embarazo adolescente

- 05 de noviembre de 2020 - 00:00
Dialoguemos

Un reciente informe de Unicef calcula que esta problemática social le cuesta al país 270 millones de dólares al año.

Ecuador es el segundo país de la región andina con la tasa más alta de embarazo adolescente. De hecho, según datos del INEC de 2018, alrededor de 148 jóvenes de 15 a 19 años dan a luz cada día.  ¿El resultado? Un reciente informe de Unicef calcula que esta problemática social le cuesta al país 270 millones de dólares al año. Esto, en términos cuantitativos. Además, se deben valorar las consecuencias psicológicas, económicas, afectivas y sociales que sufren las menores.

Si pensamos detenidamente, Ecuador paga una factura muy alta porque la sexualidad sigue siendo un tabú y sí, duele reconocerlo, pero preferimos destinar nuestros escasos recursos a contrarrestar los efectos y no para erradicar las causas de un fenómeno que impide a miles de mujeres (sobre aquellas de escasos recursos) desarrollarse plenamente. 

El embarazo adolescente es un tema que nos concierne a todos. En ese sentido, es responsabilidad de las instituciones, del sector privado y las universidades, establecer proyectos y estrategias de prevención conjuntas. Es el único camino. No obstante, la educación sexual va más allá de una simple charla en los colegios, sino un trabajo integral, constante, de comunicación con profesores, padres de familia y adolescentes (hombres y mujeres) que incluye, además, servicios de salud de primer orden, orientaciones educativas y con perspectiva de género desde la primera infancia, socialización de derechos, acceso a métodos anticonceptivos modernos, espacios de soporte y asesoramiento donde no se viole la privacidad de las personas. Finalmente, el objetivo es que los jóvenes vivan una vida sexual responsable, saludable, con decisiones libres y alejadas de prejuicios religiosos. 

Muchos dirán que varias de estas iniciativas ya se adelantan. Sí, pero de manera ineficiente. Sobre todo en términos de comunicación. Por ello, mi propuesta está en salir de lo convencional (de los mensajes pensados para adultos) y apostar en estrategias pensadas para ganar la confianza (muchos adolescentes sienten vergüenza para hablar de su sexualidad) y credibilidad de los jóvenes. ¿Cómo hacerlo? Fácil, salir del folleto informativo y trabajar contenidos con un tono más cercano, sencillo, directo, hablar en sus propios términos; aprovechar las plataformas y redes sociales, generar alianzas. 

El camino recién empieza. Uno de los principales errores está en esa falsa creencia de que la comunicación se limita a la elaboración de material informativo. No es así: la comunicación bien entendida constituye un agente de cambio social. (O)

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