Las mujeres toman las armas y se atrincheran en la carrera militar

- 20 de noviembre de 2018 - 00:00
Las aspirantes a soldados no han tenido inconvenientes para realizar los ejercicios físicos y cumplir las órdenes de sus superiores. Aprendieron a manejar el fusil con destreza y puntería.
Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

45 postulantes del primer llamado de acuartelamiento se mantienen en la formación castrense en Pichincha tras cuatro meses de entrenamiento. Ellas pueden sobrevivir a la intemperie y orientarse en cualquier terreno inhóspito.

Las cruces incrustadas en la tierra, como un precario camposanto, llaman la atención al ingreso del Centro de Instrucción del Batallón de Infantería Pichincha 13, en Machachi (sur de Pichincha).

En este espacio, las primeras mujeres conscriptos de Ecuador tuvieron su evaluación inicial tras cuatro meses de formación militar; aún les restan ocho meses para convertirse de forma oficial en soldados de reserva.

Las cruces representan a cada una de las 45 mujeres, que tienen entre 18 y 21 años, que aún permanecen en formación. Solo cinco desertaron porque descubrieron que esa no era su vocación.

Cuando terminen su período militar ellas se llevarán a casa las cruces, pues tienen un valor sentimental: al inicio de su preparación las elaboraron con sus manos y las plantaron como recuerdo de su paso por ese lugar.

Habilidades desarrolladas

En medio del bosque se distinguen pequeños techos de madera y ramas, que son las estaciones que evocan los distintos momentos de formación por los que atravesaron en esta primera fase.

Por ejemplo, todo soldado debe tener buena ubicación terrestre. Necesita orientarse en el campo con el uso de medios técnicos, como la brújula, el GPS o la carta de navegación; además de recurrir a elementos naturales, como el sol o los árboles, para no extraviarse en un lugar.

También deben ser exploradoras para llevar todo lo necesario en caso de campamentos improvisados. “Se requiere preparación física y mental para localizar al enemigo, pues existen accidentes orográficos en los que es fácil confundirse”, expresa con voz firme Nelly Zambrano, de 21 años, de Santo Domingo de los Tsáchilas.

El potente tono de su voz puede competir con el de cualquier hombre del lugar y varias de sus compañeras. Y lo demuestra mientras asciende el cabo vertical y entona alabanzas aprendidas hacia la patria y a la madre.

Los refranes u “oraciones”, como llaman los militares a distintas expresiones verbales, son comunes cuando se abren paso entre la maleza. En este campamento, alejado del ruido de las ciudades, se siente el aire fresco.

“Entre el cielo y la tierra, solo Dios” o “Para saber mandar, primero hay que saber obedecer” se lee en distintos lugares.

En el lugar de adiestramiento del tirador hay una cruz grande en la que cuelga la cabeza petrificada de una vaca y piedras que simulan cadáveres caídos. En el extremo superior está el nombre del lugar: “Muro del tormento”, que refleja lo que ahí se vive.

Aquí las uniformadas manejan sus fusiles. De pies, de rodillas, sentadas o acostadas los rastrillan y apuntan. En cualquier posición lo importante es mantenerse firme, apoyada sobre la pierna que más fuerza tenga.

Las soldados aprendieron a conocer sus armas, cargarlas y limpiarlas. Con el fusil realizan los ejercicios físicos y hasta acuden al comedor. “Se nace para esta profesión y yo me di cuenta de que esto es lo que quiero para mi vida”, cuenta Kasandra Herrera, de 21 años.

La siguiente estación del recorrido en el recinto militar es la de técnicas básicas de supervivencia. Aquí las aspirantes aprenden a ingeniárselas para usar elementos de la naturaleza, cocinar y subsistir en la intemperie.

Las soldados usan troncos de caña guadúa para la cocción del arroz y una funda plástica con agua -pero sin aire- para hervir los huevos. La madera sirve para formar una parrilla y asar trozos de pollo, res y pescado.

La naturaleza te brinda varios elementos para sobrevivir en cualquier circunstancia y depende de cada una aprender a utilizarlos para conseguir agua y el alimento diario”, recuerda Pamela Poma, instructora.

Lágrimas

El celular no está prohibido en el recinto militar, pero muchas prefieren dejarlo bajo el poder de algún oficial para no distraerse.

Ese es el caso de la quiteña Alisson Cisneros, quien al inicio consideró la conscripción como una aventura. Y así la tomó. Pero en el primer entrenamiento su visión cambió por completo al quedar última en el pelotón de trote.

“Lloré de impotencia, rabia y hasta dolor, pero gracias al apoyo de las compañeras seguí luchando y estoy decidida a cumplir este período con éxito. Ahora pienso en seguir esta profesión, realmente me gusta esta vida”.

Alisson, de 20 años, ya perdió 8 kilos de peso gracias al intenso esfuerzo físico diario. Cada día, como el resto de sus compañeras, se levanta a las 05:00 y tiende su cama, que está junto a otras 44 en una misma habitación. Ellas se turnan para mantener el aseo total.

Alisson anhela que llegue el domingo porque es el día en el que reciben visitas. Y ahí siempre están presentes su novio, sus tres hermanos y su mamá. “Ellos son la razón para no abandonar esta misión de vida. Mis hermanas quieren seguir mis pasos y yo no las puedo defraudar. Esto al principio fue duro, pero hoy sé que es lo que quiero para mi futuro”. (I)

Primer llamado
La carrera militar
Las jóvenes aspirantes que hoy forman parte del primer llamado voluntario y que están interesadas en una carrera militar deben concluir este período e inscribirse, como cualquier persona, en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro de Quito.

9 pm. A esa hora se inicia el descanso, pues la jornada del día siguiente empieza en la madrugada.

La capacidad
A nivel nacional, en este primer llamado hubo 199 cupos disponibles para mujeres. Están distribuidos en Manta (25), Guayaquil (74), Cuenca (50) y Quito (50). El adiestramiento se inició en agosto.

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